Breve historia de La Terminal

Hoy puede parecer obvio que haya coworkings especializados para startups y profesionales del sector, pero lo cierto es que hace año y medio (inicios de 2015) no conocía ninguno en Madrid, al menos, ninguno en el que fuera un requisito formar parte del sector.

Durante años fuimos testigos de cómo dos amigos, Juan Luis y Rubén, habían creado un entorno fascinante en Plug and Play (Valencia) donde las startups convivían y se ayudaban de manera muy eficiente. Juntos aprendían y compartían los resultados de experimentos exitosos y fallidos. El ambiente era ideal para ese tipo de empresas.

Así que a principios de 2015 cuando mi hermano y yo nos pusimos a explorar proyectos en los que trabajar juntos, la idea cogió fuerza entre los socios actuales de La Terminal, Christian Kobylanski y Jose María Torroja, que lo vimos claro desde el primer momento. Nos parecía obvio que acabaría habiendo un sitio así en Madrid y quisimos ser los primeros.

Queríamos crear un espacio donde las empresas, normalmente en fase seed, acabaran colaborando y empleando a profesionales que quisieran trabajar desde aquí. Un lugar donde entendieran las dificultades de tu negocio, donde sepan realmente lo difícil que es sacar una startup adelante. Un espacio enfocado en el trabajo y donde se minimiza el postureo cansino que he visto en alguno de los coworkings de la capital.

Enseguida empezamos a buscar locales por Madrid y pusimos todo en marcha. Antes de darnos cuenta habíamos alquilado una nave y la estábamos reformando.

El proyecto fue mucho más complejo de ejecutar de lo esperado, no es fácil cumplir con todas las trabas burocráticas que implica abrir un local. Cumplir el presupuesto tampoco es fácil. En una obra nunca sabes cuándo te vas a encontrar con un problema y cuánto puede costar resolverlo.

Después de años vinculado a las startups y su intangibilidad vivimos lo difícil que sigue siendo hoy en día emprender con un negocio físico y lo poco que ayuda el estado, la comunidad o el ayuntamiento. Sentí un profundo respeto por aquellos valientes que se lanzan a abrir un bar o una tienda en estos días.

No estaba resultando fácil y en plena obra descubrimos que no íbamos a ser los primeros. Se nos habían adelantado y no eran otros emprendedores como nosotros, se trataba ni más ni menos que de Google que había elegido Madrid para abrir un Campus. Moralmente fue un disgusto. Nos encantaba que Google apostara por esta ciudad y que en parte validara nuestra idea, pero competir con ellos no nos hacía ni pizca de gracia y menos aún que fuéramos abrir en fechas similares.

Al final y por temas municipales la obra se alargó más de lo previsto y no pudimos abrir en septiembre como nos hubiera gustado. Tampoco pudo ser en octubre y no fue sino hasta finales de noviembre que pudimos hacer un evento inaugural. Comercialmente empezamos nuestra actividad en diciembre, que era el peor escenario posible para nosotros.

Sin embargo, algo muy bueno pasó en ese evento inaugural. Fue algo sencillo, pero fundamental: a la gente le gustó mucho el espacio que habíamos creado. Escucharlo de sus bocas fue muy gratificante.

Después de meses de disgustos constantes es muy fácil centrarse en los problemas y no ver los aspectos positivos de un proyecto. Hasta ese día yo solo tenía ojos para las cosas que no me convencían del espacio. Después de la fiesta me fui con la certeza de que el proyecto acabaría funcionando bien.

El inicio de la actividad comercial la habíamos pospuesto cada vez que habíamos tenido un retraso de la obra y ahora estábamos prácticamente a punto de abrir y no teníamos apenas leads abiertos. Nos habíamos dormido y un local grande con poca gente intimida mucho.

Es por eso que estaremos siempre muy agradecidos a la fundación Jose Manuel Entrecanales que fue clave para cambiar el ambiente. Crearon las becas “Despega” donde cedían a startups seis meses de espacio gratuito en La Terminal y de su mano vinieron Mr Jeff y Gudog que le dieron mucha calidez al lugar.

También hemos tenido la suerte de que Jaime Novoa se animara a venir a trabajar desde aquí. Jaime es una persona muy apreciada en el sector y siempre que pudo invitó a conocidos y amigos. Su ayuda ha sido mastercardiana.

De hecho fue gracias a Jaime que un día coincidimos con María Encinar. Ya no recuerdo ni cómo, pero juntos los tres creamos un nuevo evento recurrente en Madrid, Seedradar y además de poder dar a conocer el espacio, el evento sirvió para que nos diéramos cuenta de que María era la pieza que nos estaba faltando para que este proyecto terminara de despegar.

Hasta ese momento habíamos apostado por alguien que lo había hecho todo muy bien de puertas adentro, pero al final un espacio necesita que lo visiten y que la gente lo vea con sus propios ojos.

No fue fácil convencerla, pero al final María está al frente de La Terminal y las cosas no podrían ir mejor.

La prueba innegable es que hoy estáis leyendo este post en un blog que habíamos planificado tener desde el primer día y que no ha visto la luz hasta que ella así lo quiso, eso sí, con la inestimable ayuda de Juanjo que ha sido testigo de lujo de toda esta aventura desde su concepción.

Hoy La Terminal es un espacio en el que muchas decenas de personas pelean por sacar sus negocios adelante y es probable que a finales de año estemos cerca del ansiado 100% de ocupación.

Es el momento de rematar la faena y empezar a tomar decisiones respecto a los próximos pasos que daremos. ¿Abriremos otra terminal?, ¿empezaremos a impartir cursos?. Sea lo que sea que vayamos a hacer os lo iremos contando desde aquí.


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1 opinión en “Breve historia de La Terminal”

  1. Walter y equipo, ¡enhorabuena por la iniciativa! Para Demium ha sido muy enriquecedor “aterrizar” en Madrid en un espacio donde se respira emprendimiento de verdad. Cuenta con nuestra ayuda, y la de nuestras startups, para hacer crecer este proyecto.
    Abrazo.

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